PSICOGENESIS E HISTORIA DE LA CIENCIA
PSICOGENESIS E HISTORIA DE LA CIENCIA.
Los hombres de ciencia y los historiadores de la ciencia, opinan que no existe ninguna relación entre la formación de las nociones y operaciones en los estadios más elementales, y su evolución en los niveles superiores. A esta opinión, suele agregarse una creencia frecuente, aunque menos general: que la significación epistemológica de un instrumento de conocimiento es independiente de su modo de construcción.
El poco interés general por los estadios elementales del conocimiento proviene, pues, sin lugar a duda, de la idea corriente según la cual el desarrollo de los conocimientos sería lineal, y cada etapa reemplazaría así a la precedente, conservando ordinalmente algún vínculo con esta última, pero sin ninguna relación con las primeras. En realidad, el proceso es muy diferente. En efecto, no sólo los estadios sucesivos de la construcción de las diferentes formas del saber son secuenciales, sino, además, cada nuevo estadio comienza por una reorganización, a otro nivel, de las principales adquisiciones logradas en los precedentes. De aquí resulta una integración hasta los estadios superiores, de ciertos vínculos cuya naturaleza no se explica sino a través de un análisis de los estadios elementales.
La hipótesis general en cuanto a las reorganizaciones nivel por nivel con integración de caracteres que se remontan hasta las fases iniciales, en primer lugar estableceremos una oposición entre la abstracción empírica, y lo que lamaremos “abstracción reflexiva”, que tiene lugar a través de dos procesos conjugados: un “reflejamiento” y una “reflexión” .En lo que respecta a la reflexión, es doblemente constructiva por dos razones, el reflejamiento que consiste en una puesta en correspondencia, y el mecanismo así puesto en marcha, conduce, en el nivel superior, a nuevas correspondencias, en segundo lugar, estos comienzos de morfismos conducen igualmente al descubrimiento de contenidos próximos, pero no directamente asimilables a la estructura precedente. Este modo de construcción por abstracción reflexiva y generalización completiva (es decir cuando una estructura, conservando sus caracteres esenciales, se ve enriquecida por nuevos subsistemas que se agregan sin modificar los precedentes); se repite indefinidamente, nivel por nivel. El desarrollo cognoscitivo resulta así de la iteración de un mismo mecanismo, constantemente renovado y ampliado por la alternancia de agregados de nuevos contenidos y de elaboraciones de nuevas formas o estructuras. Esto explica por qué las construcciones más elevadas permanecen en parte solidarias de las más primitivas.
Un ejemplo son las relaciones entre el contenido de los observables y su forma lógico-matemática. La conquista de los hechos experimentales procede, seguramente por aproximaciones sucesivas ligadas a la construcción de aparatos de registro. Estos dependen, a su vez de los modelos teóricos y de nuevos problemas que ellos suscitan. De aquí resulta una extensión progresiva de las escalas de observación en las dos direcciones (hacia escalas superiores y hacia escalas inferiores). La matematización cada vez más compleja de los observables y sobre todo sus variaciones considerables en el curso de la historia, conducen así a dos creencias, de las cuales una está bien fundada, mientras que la otra es discutible y exige un examen de los hechos que se remonte a los estadios más elementales.
La primera creencia u opinión, consiste en afirmar que por mucho que sea matematizado un observable físico, en los niveles científicos, dicho observable corresponde sin embargo a un dato exterior al sujeto. La segunda opinión frecuente es que si la matematización es obra del sujeto, y si el objeto existe, se debe poder trazar una frontera estable entre dicha matematización y los objetos, en cuyo caso un “hecho” físico, en cuanto tal, no llevaría consigo una dimensión lógico-matemática, sino que la recibiría posteriormente.
Un observable, por elemental que sea, supone ya mucho más que un simple registro perceptivo, puesto que la percepción como tal está ella misma subordinada a los esquemas de acción. Se puede considerar el “hecho” como un observable, pero a partir del momento en que es “interpretado”, es decir, revestido de una significación relativa a un contexto más amplio, mientras que un simple observable posee una significación (puesto que toda asimilación confiere ya una significación) que puede permanecer enteramente local en el espacio y aun en el tiempo. Por consiguiente, un hecho es, siempre, el producto de la composición entre una parte provista por los objetos y otra construida por el sujeto. La intervención de este último es tan importante, que puede llegar hasta a una deformación o, aún más, a una represión o rechazo del observable, lo cual desnaturaliza el hecho en función de la interpretación.
La interpretación propia de la constitución del hecho muestra que un hecho es siempre solidario de un sistema de conceptos o de esquemas sensorio-motrices, que la menos compleja de una serie jerárquica que conduce al objeto a la legalidad y finalmente, a la interpretación causal, es decir explicativa. Los observables pueden contentarse con un solo esquema para ser registrados, sin perjuicio de su diferenciación por acomodación en caso necesario. Por el contrario, nosotros admitiremos que hay un “hecho” a partir del momento en que se torna necesario un sistema de esquemas. Pero aun cuando haya allí progreso con respecto a los observables constitutivos, estamos todavía muy lejos de una teoría deductiva, causal o meramente legal.”
CONCLUSION.
En esta lectura los autores analizan los elementos que constituyen la referencia objetiva del conocimiento, es decir, en el objeto del conocimiento y no en el sujeto. Los autores muestran que con este cambio de centración logran una síntesis que sirve como esquema explicativo en la interpretación de la evolución del conocimiento, tanto en la escala individual, como en la escala social.
Introducen el concepto de marco epistémico, que comprende el aparato conceptual y el conjunto de teorías que constituye la ciencia aceptada en un momento histórico dado y determina de manera predominante las direcciones de la investigación científica. Los autores señalan que el aporte fundamental de la Revolución Científica consistió en plantear una reformulación de los problemas que eran objeto de estudio científico, lo cual contribuyó al cambio de marco epistémico. Analizan la historia de la ciencia como ejemplo claro de la influencia del medio social en el proceso cognictivo. El sistema educativo, como transmisor de conocimiento, es parte esencial del medio social y sus direcciones están fuertemente determinadas por el marco epistémico
BIBLIOGRAFIA.
Piaget, J. y García R. (1982). Psicogénesis e historia de la ciencia, Editorial siglo XXI, 7ª edición. Pp. 9 – 29.
0 comentarios